jueves, 23 de julio de 2009

Dos sonetos teológicos de Agustín García Calvo

I

Enorgullécete de tu fracaso,
que sugiere lo limpio de la empresa:
luz que medra en la noche, más espesa
hace la sombra, y más durable acaso.

No quiso Dios que dieras ese paso,
y ya del solo intento bien le pesa;
que tropezaras y cayeras, ésa
es justicia de Dios: no le hagas caso.

¿Por lo que triunfo y lo que logro, ciego,
me nombras y me amas?: yo me niego,
y en ese espejo no me reconozco.

Yo soy el acto de quebrar la esencia:
yo soy el que no soy. Yo no conozco
más modo de virtud que la impotencia.

II

Pero no cejes; porque no se sabe
cuándo pierde el amor, dónde la tierra
volteando camina, ni qué encierra
mensaje del que nadie tiene clave.

Pues el Libro Mayor (y eso es lo grave)
del Debe y el Haber nunca se cierra,
y acaso acierte el que con tino yerra;
ni es nada el mundo hasta que el mundo acabe.

Si te dicen que Dios es infinito,
di que entonces no es; y si finito,
que lo demuestre pués y que concluya.

Pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.

Agustín García Calvo.

6 comentarios:

dediego dijo...

Amo a ese hombre.

manuel rubiales dijo...

Pues si, son versos que casi se transforman en oración al leer, eso sí, con el dedo de Aristóteles apuntando a los adoquines.

an dijo...

a este hombre no le pillo... lo reconozco.

Felipe dijo...

Borja, qué pasión que llevas dentro!

Manuel, hace mucho que dejé la carrera de filosofía sin terminar, en el primer año... me especificas un poco más por qué trajiste a Aristóteles al caso? Un saludo.

An, reconocer es de sabios, sabios como aristóteles. Haz una segunda lectura, a ver qué tal... este señor es grande, búscale en la wiskyperdía ;) Un abrazo.

an dijo...

aristóteles me cae fatal, ojo.

Anónimo dijo...

Yo vuelvo a estos sonetos cada vez que estoy triste y sin esperanza. Han sido desde hace años y son, un gran consuelo para mi , Ana